
Porqué el Municipio debe cumplir un rol de suma importancia en la superposición de competencias?
¿Por qué el municipio actualmente suma a sus obligaciones clásicas el nuevo rol de liderazgo de la comunidad? ¿Por qué de administrador pasivo, preocupado solamente por recaudar tasas y mantener limpias las calles y las plazas, la alcaldía pasa a convertirse en un animador principal en el escenario del poder y del desarrollo local? ¿A qué se debe que ahora también sea orientador y planificador de inquietudes para el crecimiento, promotor del desarrollo local y facilitador de las iniciativas para el progreso? ¿Por qué un sector mayoritario de la ciudadanía cree que una parte sustancial de sus demandas por una mejor calidad de vida pueden ser gestionadas desde el nivel municipal? ¿Por qué el ciudadano espera que el municipio sea capaz de formular y dirigir políticas? ¿Cuál es la razón de este cambio profundo de expectativas de la gente en cuanto a su relación con el Estado? ¿A qué se debe que los ciudadanos crean que los alcaldes pueden encarnar sus preocupaciones y anhelos, de impulsar sus proyectos, de resolver sus problemas? ¿Por qué tiene particular vigencia e importancia la discusión sobre el rol del municipio y su participación en una estrategia de desarrollo local, si son temas que siempre estuvieron presentes en la realidad local? ¿Cuál es la explicación de este giro?
Como producto de la continuidad del sistema democrático, las ciudades cuentan hoy con una ciudadanía más madura que espera mejores y más políticas sociales de los gobiernos locales. Así, mientras desconfía de las soluciones provenientes de la órbita nacional advierte que sus demandas globales tienen más posibilidades de ser satisfechas a través de la gestión municipal, ámbito donde además puede participar en la resolución de las mismas. Esto es la gestión de proximidad.
Los ciudadanos son cada día más escépticos en cuanto al potencial de soluciones adecuadas provenientes de la "política nacional". Por tanto, al cambiar el horizonte político del ciudadano, la relación entre gobernantes y gobernados empieza a intensificarse en espacios políticos menores como el municipio. Los intereses y las demandas, así como los contenidos efectivos de la ciudadanía -no sólo en cuantos derechos políticos sino en su sentido de pertenencia aun cuerpo social- se expresan con particular vigor a nivel municipal.
La sociedad está buscando de manera activa un nuevo tipo de liderazgo, nuevos dirigentes creíbles. El ciudadano ya no demanda líderes carismáticos, imbuidos de atributos providenciales, capaces de despertar adhesiones emocionales. La sociedad pide hoy administradores y organizadores, capaces de innovar, de cohesionar, de dialogar con todos los efectivos sociales para crear estructuras acordes con las nuevas expectativas y realidades. La sociedad demanda políticos capaces de formar equipos técnicos y resolver problemas puntuales dentro de una visión estratégica. En fin, a la gente ya no le interesa el diálogo ensordecedor del acto público, busca dirigentes que lo escuchen a él o que lo den una oportunidad para el diálogo real. Quieren una gestión de proximidad, directa y efectiva.
Pero quizá el disparador o el punto de inflexión de esta suerte de revalorización de la política a nivel local, que a su vez potencia y orienta la maduración política del ciudadano, esté íntimamente ligada a cambios en el contexto económico-social. Más precisamente, a los dramáticos efectos sociales del modelo de gestión económica liberal y transformaciones macroeconómicas neocons de la escuela de Chicago; en particular, la apertura externa, la desregulación de todos los mercados y el proceso de integración europea, que modificaron de la noche a la mañana el marco económico y social mundial.
Las secuelas de la apertura y la desregulación (cierre de fábricas, desocupación, cambios en la estructura productiva de las economías regionales) han provocado un cambio de dirección en las preocupaciones y demandas de la gente, dominada por una fuerte sensación de incertidumbre y desprotección. Trabajo era (y es) la demanda más común que comenzaron a recibir los alcaldes de parte de los vecinos después que España se sumergiera en la economía globalizada y la riqueza nacional se concentrara en una dimensión no prevista.
Ante el acierto de políticas sociales simultáneas a las medidas económicas adoptadas, la debilidad de la economía liberal, coloca casi automáticamente a los municipios ante la necesidad de buscar alternativas propias para reconstruir la red productiva local y generar empleo.
La historia progresa por el lado de los incentivos negativos. Pone al municipio en el centro de la escena, pero al margen de una estrategia nacional capaz de fortalecer la capacidad de respuestas a las demandas ciudadanas. Pero para hacer gala de su gran preocupación, los gobiernos, tanto central como autonómicos tendrían de aportar la financiación necesaria a las ya de por si pobres arcas de los municipios, que lejos de haber mejorado con el tiempo han caído al mismo ritmo que asumían competencias, las financiaban y se hacia mas patente la dura crisis que padece el país. Pero también los ciudadanos hemos de asumir nuestra parte y saber que los impuestos deberán estar acordes con los servicios sociales que se reclamaran.
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